
El presidente José Antonio Kast se ha esforzado por proyectar firmeza ante decisiones difíciles. No dudó en subir el precio de los combustibles de un día para otro, y se espera que esa misma determinación se traduzca en una acción efectiva frente al crimen organizado, que sigue presente en la capital, con más de 10 homicidios desde el inicio de su mandato. Su disposición a asumir costos políticos parece clara. En campaña, el actual oficialismo insistía en que “nunca ha gobernado la derecha” en Chile; hoy, a pocas semanas de iniciado el gobierno, cabe preguntarse cómo se expresa realmente un gobierno de derecha: ¿basta con tomar decisiones impopulares o también es necesario dominar las dinámicas del poder que permiten sostenerlas?
El propio presidente señaló que no venía solo a administrar el Estado, sino a cambiar la forma de hacer las cosas. Sin embargo, un cambio cultural de esa magnitud requiere un sustento político e ideológico sólido que, hasta ahora, no se ha evidenciado. Por el contrario, hay señales que generan más dudas que certezas: las erráticas vocerías de Mara Sedini; la designación de Francisco Undurraga (Evópoli) en el Ministerio de las Culturas; la entrega de un ministerio tan relevante como la Segpres a Renovación Nacional; y, además, las cuestionadas intervenciones del Ministro de Hacienda. El objetivo del presidente es ambicioso y loable, pero persisten inconsistencias evidentes. En mi opinión, esa coherencia no se logra solo con formación política —que es vital—, sino que también requiere un vínculo real con el país, presencia efectiva y algo más que las visitas de cortesía realizadas en campaña.
Chile necesita que al gobierno le vaya bien para salir de la crisis actual, pero alcanzar ese éxito exige más que los eslóganes que resultaron eficaces en campaña. Se requiere una idea de fondo que conecte con las necesidades reales de la población, acompañada de decisiones firmes y políticamente viables. Solo así será posible superar tanto el «buenismo» histórico de la centroderecha tradicional (UDI, RN y Evópoli) como los extremos de la izquierda radical, avanzando hacia un proyecto de gobierno consistente, con arraigo en la realidad y una capacidad de conducción efectiva
Francisco Conejeros C.
Presidente ONG Principios.